Los robots humanoides se convirtieron en uno de los grandes protagonistas de la Gala de la Fiesta de la Primavera de este año en China, el programa anual más visto del planeta según el Libro Guinness de los Récords. En el mismo escenario donde actuaron figuras como Lionel Richie y Jackie Chan, cuatro startups chinas de robótica —Unitree Robotics, Galbot, Noetix y MagicLab— presentaron sus androides ante una audiencia de cientos de millones de personas.
El momento más impactante llegó de la mano de Unitree Robotics, cuyos robots ejecutaron rutinas de artes marciales con espadas, bastones y nunchakus, e incluso reprodujeron movimientos del Zui Quan o “boxeo del borracho”, una disciplina de alta complejidad técnica. Las imágenes se viralizaron rápidamente gracias a la fluidez y precisión de los movimientos, que los robots compartieron en escena con bailarines humanos. Por su parte, Noetix presentó cuatro androides que interactuaron con actores en un sketch cómico, mientras que MagicLab ofreció una coreografía sincronizada durante la canción We Are Made in China.
No es la primera vez que los robots aparecen en la gala —el año pasado 16 humanoides bailaron con pañuelos rojos—, pero los expertos coinciden en que el salto cualitativo es notable. “Ha pasado solo un año, y el salto en rendimiento es llamativo”, señaló Georg Stieler, director gerente para Asia de la consultora tecnológica Stieler, destacando las mejoras en estabilidad, velocidad y coordinación.
Más allá del espectáculo, la aparición de estas empresas en el evento tiene implicaciones concretas. Con una audiencia que el año pasado alcanzó el 79% de share en vivo —comparable en escala mediática al Super Bowl estadounidense—, la gala funciona como una vitrina estratégica justo antes de los nueve días festivos del Año Nuevo Lunar, un periodo clave para atraer inversiones. “Las empresas que aparecen en el escenario de la gala reciben recompensas tangibles en pedidos gubernamentales, atención de inversores y acceso al mercado”, explicó Stieler.
Lo ocurrido esta noche no fue solo un número artístico. Fue una declaración sobre el lugar que ocupa la innovación tecnológica en el relato nacional chino y una señal clara de hacia dónde mira el gigante asiático cuando piensa en su futuro.
El Maipo




