Por Adrián Villellas
Desde 2022, los biólogos del Departamento de Vida Silvestre y Parques de Kansas han sacado del río Kansas unas 109.000 libras de carpas asiáticas invasoras, algo más de 49.000 kilos de pescado. Es una cifra que impresiona y que, en la práctica, está empezando a cambiar la salud de uno de los grandes ríos del estado.
Qué está pasando en el río Kansas
El río Kansas arrastra desde hace años un problema que en España nos suena familiar. Tres especies de carpa de origen asiático (carpa plateada, carpa cabezona y carpa negra) se han adueñado de sus aguas. Llegaron en los años setenta para ayudar a controlar algas en instalaciones de acuicultura y depuración, pero las crecidas las sacaron de esos estanques y las llevaron a los grandes ríos conectados con la cuenca del Misisipi.
Son peces de crecimiento rápido, capaces de comer grandes cantidades de plancton, hasta alrededor del 40 por ciento de su propio peso cada día. Ese plancton es justamente el alimento de muchos peces nativos en sus primeras etapas de vida. Cuando las carpas lo acaparan, los jóvenes de otras especies se quedan sin comida y sus poblaciones caen en picado.
A esto se suma un problema muy visible para cualquiera que haya navegado por un río con carpa plateada. Estos peces saltan fuera del agua cuando les asusta el ruido de los motores. No es una exageración decir que se convierten en proyectiles que pueden golpear a quien va en la embarcación. En Estados Unidos se han registrado accidentes con personas heridas por impactos directos de estos animales.
Una extracción récord y un método cada vez más afinado
Las cifras muestran el esfuerzo. Según datos recopilados por medios locales y confirmados por el propio departamento estatal, la campaña comenzó en 2022 con 25.339 libras extraídas, continuó en 2023 con 25.949, bajó ligeramente en 2024 hasta 21.649 y alcanzó un récord en 2025 con 36.863 libras. Con esos resultados, el total supera ya las 109.000 libras retiradas del río.
Para lograrlo se combinan varias técnicas de pesca científica. Los equipos usan electropesca, redes agalleras y redes de cerco, pero el gran salto llegó con un sistema de arrastre electrificado diseñado específicamente para la carpa. Es un equipo que emite descargas controladas que aturden a los peces mientras la embarcación avanza. Después se recogen y se cargan en grandes sacas para sacarlos del sistema.
Lejos de lo que muchos imaginan, esos peces no se convierten en harina o pienso. Las autoridades han explicado que la mayor parte de las carpas se devuelven sin vida al propio río para que se descompongan de forma natural. El objetivo es que los nutrientes contenidos en sus cuerpos vuelvan al ecosistema en forma de alimento para otros organismos, algo que el organismo estatal describe como un proceso de reciclaje de nutrientes ambientalmente sólido.
Según el biólogo de carpas invasoras Liam Odell, durante años las mediciones mostraban un descenso constante de las especies nativas en los tramos dominados por carpa. Ahora, tras varias temporadas de retirada intensiva, los muestreos empiezan a detectar más diversidad de peces, repuntes de especies autóctonas y una comunidad algo más equilibrada. Odell resume que «las labores de retirada ya están dando resultados visibles en las aguas de Kansas».
En 2025 el programa también se amplió río abajo, añadiendo unos quince kilómetros adicionales de tramo gestionado. La presa de Bowersock, en la ciudad de Lawrence, sigue actuando como barrera que limita la expansión de estas carpas hacia la parte alta de la cuenca, uno de los pocos grandes tramos de río de pradera que se mantienen relativamente libres de presas.
Una batalla que se libra en medio país
Lo que ocurre en Kansas no es un caso aislado. En toda la cuenca del Misisipi se están retirando cada año más de 20 millones de libras de carpas invasoras para intentar frenar su expansión y aliviar la presión sobre los ecosistemas nativos. En 2025, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos anunció casi 19 millones de dólares en ayudas para dieciocho estados, entre ellos Kansas, con el fin de financiar proyectos de captura masiva, barreras y programas de seguimiento.
En el fondo, la idea es sencilla, aunque difícil de ejecutar. Si se reduce de forma continuada la cantidad de carpas en los tramos clave, se les resta capacidad de reproducirse y se abre espacio para que los peces nativos vuelvan a ocupar su lugar. No es una solución instantánea ni definitiva, pero los expertos insisten en que es uno de los pocos enfoques que muestran resultados medibles a medio plazo.
El Maipo/Ecoticias




