Por Associated Press
Los incendios forestales en zonas del centro y sur de Chile están impulsados no solo por el calor extremo, la sequía y el viento, sino, según científicos especializados, por la forma en que los paisajes moldeados por el ser humano interactúan con un clima cambiante: una combinación letal que hace que las llamas sean más difíciles de controlar.
Comenzaron a mediados de enero en las regiones del Biobío y Ñuble, y hasta ahora se reportan por lo menos 20 muertos, más de 50 000 residentes evacuados y los bomberos combaten más de una docena de focos activos.
Lo que distingue a la actual temporada de incendios es la cantidad de terreno que se está quemando. Miguel Castillo, director del Laboratorio de Ingeniería de Incendios Forestales de la Universidad de Chile, explica que el país está “casi triplicando la superficie afectada”, aunque el número de focos hasta ahora se mantiene “dentro de márgenes normales, incluso por debajo del promedio” de una temporada normal de incendios forestales.
Chile, además, está saliendo de más de una década de sequía severa, lo que ha dejado la vegetación inusualmente seca. Las altas temperaturas del verano y los vientos fuertes y cambiantes han incrementado aún más el riesgo. “Cuanto más caliente y seco está todo, mayor cantidad de combustible queda disponible para arder”, dijo Mark Cochrane, ecólogo del fuego del Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland.
Virginia Iglesias, directora de Earth Lab en la Universidad de Colorado Boulder, describió el riesgo de incendios forestales como una “receta” simple con tres ingredientes: ignición, combustible y condiciones secas. Aunque el fuego ha sido parte de los ecosistemas de Chile por mucho tiempo, dijo, la actividad humana ha alterado los tres elementos.
Grandes extensiones del centro y sur de Chile están dominadas por plantaciones industriales de pino y eucalipto, destinadas a la producción de madera y pulpa. Los expertos en incendios afirman que estos paisajes facilitan la rápida propagación del fuego.
“Por lo general no es el fuego directo el que incendia las viviendas”, dijo Cochrane. “Son las brasas que caen por todas partes”.
Casi todos los incendios forestales en Chile son causados por la actividad humana, ya sea de forma intencional o por negligencia, dijeron los expertos.
Los impactos ambientales van mucho más allá de los árboles quemados. Iglesias señaló que el humo degrada la calidad del aire y supone graves riesgos, especialmente para poblaciones vulnerables. Después de los incendios, los suelos pueden volverse repelentes al agua, lo que incrementa las inundaciones y deslizamientos de tierra. Los sedimentos también pueden contaminar ríos y elevar los costos de tratamiento del agua potable.
Imagen principal: Chile enfrenta una de las emergencias ambientales más graves de los últimos años a causa de los incendios forestales. Foto: AP Foto / Javier Torres



