Jueves, Enero 8, 2026

La noche en que un golpe sobre la mesa salvó a miles de chilenos

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En diciembre de 1973, durante una reunión de la Internacional Socialista en Londres, el exdirigente radical, Carlos Parra, desafió el protocolo diplomático para arrancar compromisos que cambiarían el destino de decenas de miles de compatriotas

La reunión de líderes de la Internacional Socialista convocada en un hotel londinense para escuchar el informe de la primera ministra israelí Golda Meir sobre la reciente Guerra de Yom Kippur tomó un giro inesperado cuando Carlos Parra, dirigente del radicalismo chileno en el exilio rompió las reglas del decoro diplomático.

Parra, quien apenas tres meses antes había visto cómo el golpe militar del 11 de septiembre derrocaba al gobierno de Salvador Allende, llevaba horas pidiendo la palabra sin éxito. Sentado frente a Golda Meir, su frustración alcanzó un punto límite.

“No me pude contener y golpeé la mesa. Muy fuerte. Cosa que no se hace”, relata Parra sobre ese momento que quebró el protocolo de una reunión donde habían concurrido prácticamente todos los líderes socialdemócratas europeos, muchos de ellos jefes de gobierno.

“Golda, usted tiene el Estado de Israel, tiene el pueblo judío, la diáspora judía, cientos de organizaciones en la Unión Soviética, usted puede hablar en cualquier parte, pero yo no puedo hablar más que en este lugar. Y yo exijo el derecho a hablar”, le espetó a la veterana líder israelí.

El respaldo llegó de inmediato. Willy Brandt, canciller de Alemania Occidental y una de las figuras más respetadas de la socialdemocracia europea de laépoca, y golpeó también la mesa: “Carlos tiene razón”. La reunión, que debía terminar a las cinco de la tarde, fue suspendida. En ese momento Brandt propuso que Parra fuera el orador de honor esa noche.

Un paseo decisivo

Durante las tres horas de espera hasta el discurso nocturno, el radical chileno, según nos señala se encontró con Bruno Kreisky, el canciller austríaco de origen judío, quien paseaba solo por el hotel desierto. Lo que siguió fue una negociación improvisada que marcaría la diferencia entre la vida y la muerte para cientos de chilenos.

“Quiero que usted reciba refugiados chilenos en Austria”, le planteó sin rodeos el dirigente chileno.

La respuesta inicial de Kreisky fue negativa, pero Parra no se dio por vencido. Le recordó que Austria recibía judíos soviéticos que salían de la URSS —tema que precisamente había generado tensión entre Kreisky y Golda Meir durante la reunión—. “¿Usted tiene dos varas para medir el mismo problema, Canciller?”, lo desafió.

La estrategia funcionó. “¿Cuántos quieren?”, preguntó Kreisky. La negociación fue rápida: de los mil que pidió Altamirano bajaron a 500, para cerrar finalmente en 750 refugiados. Sellaron el acuerdo con un apretón de manos.

Jefes de Estado a la pizarra

Esa noche, Parra utilizó su discurso para algo más que denunciar la situación en Chile. Con astucia política, fue preguntando uno por uno a los líderes presentes cuántos refugiados chilenos estaban dispuestos a recibir.

Olof Palme, primer ministro de Suecia, fue el primero en responder: “No hay límite, Carlos, todos los que sean necesarios”. El primer ministro de Finlandia asintió, sin saber que esa decisión rompería con décadas de tradición finlandesa de no acoger refugiados y casi le costaría el cargo al embajador Tapani Brotelius.

Los Países Bajos ofrecieron 3.000 plazas. Noruega y Dinamarca, 5.000 cada uno. Desde la distancia, Golda Meir anunció que Israel recibiría 126.

“Ahí paré de sacar gente a la pizarra”, recuerda el dirigente radical, “pero con la íntima satisfacción que eso se transformó cerca de 50.000”.

El frío que cambió una estrategia

La urgencia del ex dirigente y diplomatico chileno tenía un fundamento concreto. Venía de recorrer cinco aldeas en el norte de Finlandia, “muerto de frío y con dos costalazos”, donde había llegado a una conclusión estratégica: era imposible mantener la presencia y la causa de Chile en el escenario internacional sin que muchos chilenos llegaran a Europa.

Esa noche en Londres, con un golpe sobre la mesa y una serie de preguntas directas, logró abrir las puertas que permitirían a decenas de miles de compatriotas escapar de la dictadura de Pinochet y encontrar refugio en el continente europeo.

La Internacional Socialista se había reunido para escuchar sobre una guerra en Medio Oriente. Terminó comprometiéndose con los refugiados de una dictadura en el Cono Sur.

El Maipo

Imagen: Museo de la Memoria.

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