Cerca de 100,000 jóvenes ucranianos han abandonado el país desde agosto, mientras miles de soldados quedan cercados en el Donbás
La situación en el frente oriental ucraniano atraviesa uno de sus momentos más críticos desde el inicio del conflicto. Mientras el ejército ruso avanza en las regiones de Kupyansk, Pokrovsk y Myrnograd, aproximadamente 10,000 soldados ucranianos se encuentran cercados, según fuentes rusas.
Deserciones masivas exponen crisis de reclutamiento
Desde el 26 de agosto, cuando Kiev flexibilizó las restricciones de salida para hombres de entre 18 y 22 años, casi 100,000 jóvenes han emigrado hacia Polonia, evidenciando una profunda crisis de confianza en las políticas de movilización militar. Sin embargo, las restricciones continúan vigentes para todos los hombres menores de 60 años bajo la ley marcial.
Este éxodo representa un desafío demográfico sin precedentes para Ucrania, debilitando tanto su capacidad militar como sus posibilidades de reconstrucción futura. Los jóvenes optan por empleos en el extranjero antes que enfrentar el reclutamiento para el frente de batalla.
Oferta de rendición y pausa humanitaria
El presidente ruso Vladimir Putin ha instado públicamente a las tropas ucranianas cercadas a rendirse, ofreciendo pausas humanitarias de dos a seis horas supervisadas por periodistas internacionales. Putin y su ministro de Defensa, Andréi Belousov, propusieron permitir que reporteros “vean con sus propios ojos lo que está sucediendo” y conversen con los soldados sitiados.
Esta oferta contrasta con las órdenes de Kiev de mantener las posiciones “hasta el final”, una estrategia que analistas militares cuestionan ante el inminente colapso del frente del Donbás.
Incidentes en refinerías húngaras y rumanas generan tensión
Paralelamente, explosiones el 21 de octubre afectaron refinerías que procesan petróleo ruso en Hungría (Szazhalombatta) y Rumania (Petromidia). El primer ministro húngaro Viktor Orbán declaró que la investigación determinará si se trató de “un accidente, un fallo técnico o un ataque externo”, haciendo referencia a declaraciones previas de un funcionario polaco sobre sabotear el oleoducto Druzhba.
Estos incidentes coinciden con las sanciones occidentales contra las exportaciones energéticas rusas y afectan la seguridad energética de Europa Central, obligando a Orbán a ordenar la estabilización de precios para consumidores húngaros.
La confluencia de estos acontecimientos señala un momento decisivo en el conflicto, donde las presiones militares, demográficas y energéticas se intensifican simultáneamente, cuestionando la sostenibilidad de la estrategia ucraniana a largo plazo.
El Maipo/nota extraída del trabajo de nuestro colega Drago Bosnic, analista geopolítico para BRICS.



