La agencia de salud de la Unión Africana (UA) ha lanzado una seria advertencia sobre el alarmante repunte de los casos de malaria en el sur del continente. Este resurgimiento, lejos de ser un fenómeno casual, está siendo impulsado por una confluencia de factores complejos, entre los que destaca el cambio climático y la expansión de medios de vida de alto riesgo.
Memory Mapfumo, epidemióloga de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África (CDC de África), ha explicado en un comunicado que este aumento no es una simple coincidencia. «Las lluvias prolongadas han favorecido la reproducción de los mosquitos, mientras que actividades como la extracción de oro, la pesca y la minería artesanal están exponiendo a más personas al riesgo, especialmente durante las horas pico de actividad de los mosquitos», ha señalado. Esta interconexión entre las variables ambientales y las socioeconómicas está creando un escenario propicio para la proliferación de la enfermedad.
“Repunte drástico”
Entre las naciones más afectadas se encuentran Zimbabue, Botsuana, Esuatini y Namibia, que han notificado nuevos brotes, subrayando los desafíos persistentes que enfrenta la región en su lucha por erradicar la malaria. Zimbabue, en particular, se ha visto golpeado por un «repunte drástico» en la incidencia de la enfermedad, según los CDC de África. Las cifras son elocuentes: desde enero, el país ha registrado 111.998 casos y 310 muertes, una escalada dramática en comparación con los 29.031 casos y 49 muertes reportados en el mismo período del año anterior.
La vulnerabilidad de estas comunidades se ve agravada por una barrera fundamental: el bajo uso de mosquiteras tratadas con insecticida. Esta falta de protección básica deja a la población expuesta a las picaduras del mosquito Anopheles, transmisor del parásito de la malaria, y ejerce una presión adicional sobre «unos sistemas sanitarios ya sobrecargados», que luchan por contener la propagación de los brotes. A ello se suma la interconectividad regional, que facilita la transmisión transfronteriza del virus y complica los esfuerzos de erradicación, demostrando que la solución al problema requiere una cooperación más allá de las fronteras nacionales.
La agencia sanitaria de la UA ha calificado este escenario como un «reto más amplio en el sur del continente», donde los patrones climáticos cambiantes y la expansión de medios de vida vulnerables convergen para crear una amenaza creciente de malaria. Ante esta realidad, la agencia ha insistido en la necesidad de respuestas más rápidas, focalizadas y sostenidas. La malaria es una enfermedad endémica en el África subsahariana, encontrando en las altas temperaturas y las precipitaciones las condiciones ideales para la proliferación del mosquito vector. Si bien el sur de África está históricamente menos afectado que la región central, sigue siendo altamente vulnerable debido a sus condiciones climáticas, los movimientos de población y los brotes localizados en zonas de alto riesgo.
Llamamiento urgente
En este contexto de emergencia, la agencia sanitaria de la UA recordó que, a nivel global, los casos de malaria alcanzaron los 263 millones en 2023, un aumento significativo con respecto a los 252 millones del año anterior. África, con cerca del 94% de los contagios y el 95% de las muertes a nivel mundial, continúa siendo el epicentro de la enfermedad. Ante esta situación, los CDC de África han hecho un llamado urgente a los gobiernos de la región para reforzar la distribución y el uso de mosquiteras tratadas con insecticida, fomentar una mayor implicación comunitaria en la prevención y abordar de manera integral los factores ambientales y sociales que propician los brotes, como la agricultura ilegal o la exposición a los criaderos de mosquitos. Adicionalmente, han subrayado la importancia de mejorar los sistemas de vigilancia para garantizar la recopilación de datos precisa y oportuna que permita fundamentar y dirigir las intervenciones de salud pública de forma más efectiva.
El Maipo/Ambientum



